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Tatuajes, de estigma a seña de identidad

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Aug 03, 2021

    El tatuaje ha vivido un crecimiento exponencial en la última década. Las redes sociales y su popularidad entre deportistas de élite y grandes figuras de la música lo han convertido en un fenómeno global. A España llegó tarde. Los primeros salones surgieron en los ochenta, cuando en Londres, por ejemplo, ya existían desde hacía un siglo. En 1996 había unos 100 estudios en todo el territorio. Hoy día hay más de 300 solo en Madrid y entre 2.500 y 3.000 en todo el país. Además, existe un fuerte intrusismo. Por cada trabajador legal hay dos ilegales, según cálcu­los de la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP). No existen datos sobre el volumen de negocio de este sector. Tampoco sobre cuántos españoles están tatuados, aunque la UNTAP estima que la cifra está entre un 12% y un 15% de la población y que al año se realizan de media un millón de tatuajes. Según cifras de la Unión Europea, un 5% de los europeos tenían alguno en 2003. En 2016 ese porcentaje era del 12%, y en Estados Unidos se situaba en un 24%. “El piercing fue una moda; como llegó, se marchó”, resume Albert Grau. “El tatuaje no es moda, es cultura. Nunca ha habido un boom, sino un crecimiento constante”.

El tatuador Jee Sayalero lleva en su espalda una gran pieza de estilo japonés.

El tatuador Jee Sayalero lleva en su espalda una gran pieza de estilo japonés.VICENS GIMÉNEZ

   Cuando Grau, brasileño de 45 años, comenzó a introducirse en el mundillo, se dio cuenta de que artística y comercialmente funcionaba, pero carecía de estructura formativa. Se preguntó: ¿qué tiene que saber un tatuador para ser bueno? Y comenzó a hablar con el Ministerio de Educación para crear un módulo a fin de profesionalizar un oficio que tradicionalmente se ha transmitido de maestro a aprendiz. En 2010 fundó su propio centro en Barcelona, La Escuela Europea de Tatuaje y Piercing. “Existían cursos en los que entrabas por la mañana y por la tarde ya tenías el título. Pero se necesitan meses de aprendizaje”. El módulo incluye clases de dibujo, de máquina, prácticas en un estudio y el título higiénico sanitario, necesario para poder ejercer. Grau también ofrece en su academia un máster universitario que se puede estudiar en lugar del último curso del grado en Bellas Artes. “Para ser tatuador hay que saber dibujar. La calidad artística hoy día no tiene nada que ver con la de hace unos años porque cada vez más artistas se están interesando por este oficio”, comenta.

“El piercing fue una moda; como llegó, se marchó. El tatuaje no es moda, es cultura”

   “Yo en un momento dado tuve que elegir”, reconoce el tatuador Jee Sayalero, de 43 años, del estudio madrileño Human Fly Tattoo. Se formó como diseñador gráfico en su Venezuela natal y, más tarde, como animador de cine en Francia. Decidió dejarlo todo y volcarse en este oficio. Ahora tiene también su propia marca de ropa, Hundred Demons, y vende versiones en papel de su arte. “No fue una decisión fácil. Pero descubrí que en una película de animación hay batallones de personas. Es más un trabajo en cadena que creativo. El tatuaje me permitía desarrollar mi propia iconografía”. El estilo de Sayalero se conoce como neojaponés. Sus coloridas obras representan animales reales o mitológicos, como dragones, carpas o ranas. Las piezas suelen ser de gran tamaño. Él mismo tiene toda la espalda, las nalgas y parte de las piernas tatuadas por uno de los grandes maestros, el suizo Filip Leu. Llevar todo el cuerpo cubierto puede llegar a costar entre 35.000 y 60.000 euros. Sayalero visitó varias veces durante tres años al maestro Leu. Terminó hace tan solo unos meses. “Para mí, conocer a Filip fue como para un guitarrista conocer a Jimi Hendrix”.

  Los diseños de catálogo o flashes, como se denominan en la jerga del gremio, son historia. Los clientes buscan cada vez más un tatuador o estilo concretos. Se llevan el realismo, el neotradicional (inspirado en los diseños clásicos, pero con más gama de colores y degradados) o el dotwork (el puntillismo trasladado a la piel, normalmente en blanco y negro). Viajar, como hizo Sayalero, con el único propósito de volver a casa con una pieza de tu artista preferido es cada vez más habitual. Además, por todo el mundo se celebran convenciones que atraen a cientos de profesionales y miles de visitantes. Los más grandes tatuadores tienen legiones de cientos de miles de seguidores en redes sociales y largas listas de espera para ponerse en sus manos.

La tatuadora Yaiza Durán tiene decorado todo su cuerpo.

La tatuadora Yaiza Durán tiene decorado todo su cuerpo.VICENS GIMÉNEZ

   “El primer día que visité el estudio de Debora estaba tan nerviosa que ni recuerdo de qué hablamos”, confiesa la salmantina Celia Hernández, de 34 años. Debora es Debora Cherrys, una de las mejores artistas que hay en la actualidad en España, con sede en La Mujer Barbuda de Getafe (Madrid). Hernández trabaja desde el pasado verano como mánager de ese estudio (encargada, entre otras tareas, de recibir a los clientes). Debora Cherrys es un referente del estilo neotradicional. Entre sus piezas más características destacan las representaciones de coloridos rostros femeninos. “Es superminuciosa. No es solo que dibuje genial, es que pasa el tiempo y el color de sus tatuajes sigue intacto”, defiende Hernández, al tiempo que muestra el dorso de sus manos, donde se pueden ver sendos pájaros naranjas, uno libre y el otro atado. “Cada caso es diferente, pero por norma general los clientes me dan la idea o me cuentan lo que quieren representar, y yo pido total libertad para hacer mi interpretación personal. Creo que es muy importante que el cliente comprenda que, si ha elegido a un artista concreto porque le gusta su trabajo, tiene que confiar en él y entender que su único interés es hacer con su idea el mejor tatuaje posible”, responde por correo electrónico Debora Cherrys.

  Algunos profesionales describen el momento de creación de un nuevo proyecto con sus clientes como una especie de ritual. “La relación entre ambos es importante. A mayor confianza, mejor será el resultado. Si no congenias, es todo más complicado”, reconoce Pedro Martín. Este madrileño de 29 años explica que las mejores piezas surgen cuando el artista conoce bien la historia que hay detrás del encargo. Aunque hoy día hay quien se tatúa por estética, muchas personas siguen otorgando un significado a cada dibujo de su cuerpo. “Son parte de tu personalidad”, afirma Debora Cherrys. “Cuentan quién y cómo eres, vivencias y experiencias, gustos y aficiones, o simplemente te complementan. Son parte de ti, una extensión más de lo que te define y te caracteriza”.

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